sábado, 6 de abril de 2013

Estuve sentada muchas horas en una silla del club. Un rato hablé con Jorge, otro rato -largo- cuidé a Milo en la pileta y otro rato -también largo- leí un libro menor pero entretenido. Camilo no nada pero da vueltas y salta y se sumerge y da vueltas. En un momento lo vi rotando sobre sí mismo y reconocí movimientos que hacía yo de chica y pude reponer la sensación, nítida y vívidamente, de lo que pasa en tu cabeza cuando lo hacés.
El pasado a mí me vuelve todo el tiempo. Supongo que es porque somos eso que fuimos y que pasamos, conviviendo en dulce armonía en diferentes dimensiones espacio temporales. Vaya uno a saber. Lo que percibimos es lo que es pero a la vez no. Y así, en esta línea de pensamiento llegué  a la tardía y obvia conclusión -siempre el retardo y la falta de originalidad como sino- de que somos para cada una de las personas importantes de nuestra vida alguien distinto. De todas maneras, no pienso en percepción. Esa obviedad ni siquiera es necesario enunciarla. Hablo de lo que uno pone sobre la mesa en cada relación -amorosa, amistosa, familiar-. Cada juego es distinto y yo somos muchos. Bah, al menos eso pienso de mí, hoy, hace un rato. Bah, en el sauna, transpirando como cerdo. Cada quien conoce una arista, una cara diferente a las demás aunque siempre parecida.
¿Será cierto el amor?

Quién sabe.


jueves, 4 de abril de 2013

Es extraño, obsceno y duro seguir con la vida como si nada cuando en tu ciudad y en ciudades cercanas mucha gente se quedó sin nada. O se murió. Una amiga perdió todo, recién me enteré hoy porque no había linkeado Saavedra con ella. El déficit de la distancia. Muchos, la mayoría, no lo entienden pero la distancia es muy cruel porque uno pierde el norte. O pierde piso. O pierde noción de cómo son las cosas. ¿Cómo explicarlo si no está lejos? Creo que he perdido amigos por esto. O tal vez no. Tal vez los he perdido por otros motivos.

Escucho los ronquidos de mis hijos, cada uno en su cuarto, sin las penas del agua y las pérdidas. ¿Cómo vivían mis parientes en Argentina mientras en Europa mataban judíos? Supongo que el no saber ayudaba. También la gente seguía con su vida cotidiana, con sus miserias baratas mientras en los centros clandestinos torturaban gente. Mi club estaba enfrente de la ESMA. Muchas veces me pregunté por qué mis padres habían querido reproducirse (es decir, tenerme) en el medio de una coyuntura tan nefasta. Después entendí, cuando nació mi primer hijo, que a las coyunturas nefastas se las combate con vida. Por eso los baby booms y esas mamadas. Y lo de mamadas no es por el fenómeno sino por las denominaciones gringas que todo lo banalizan.

¿Qué hago yo despierta? Lucho con los fantasmas de la soledad. Debería estar leyendo Un día al año, libro de Christa Wolf interesante y pesado en dosis semejantes. Lo leo despacio, mechando. Ahora tengo sueño. Estaba hablándole mentalmente a mis interlocutores privilegiados -ahora en lugar de tener UN interlocutor privilegiado, al que le cuento un poco de mi historia, de mi formación, de mis miserias, como para variar- sobre todo lo que estudié en mi vida y llegué, en una cadena de asociaciones que no vienen al caso, a mi profesor de prácticos de Filosofía contemporánea, que era petiso y feo pero brillante, motivo suficiente en ese momento para caer en un leve crush. No sé por qué nunca pasó nada. Supongo que mejor. Aunque no recuerdo su nombre sí recuerdo con bastante nitidez la pizzería a la que me invitó una noche, en donde me emborraché con un poco de cerveza. También recuerdo que cuando tenía que besarme nos despedimos así sin más. No fue ni la primera ni la última cena fallida.

¿Cuántas veces te rompieron el corazón? Están las personas que rompen y las personas a las cuales se lo rompen. Jamás participé del primer grupo. Pero no estoy segura de haber sido más infeliz por eso. Los huecos son de gran aprendizaje y en esas batallas desiguales uno aprende a hacerse fuerte. Los clishés, lo dijimos muchas veces -y de tan reiterado se gastó- existen como tales por su cuota de verdad.

Es hora de dormir. Es hora de ser feliz aunque cueste. Aunque allá lejos muchos estén sufriendo y uno no pueda hacer nada. El mundo es un lugar de mierda y sobre eso creo que ya nadie tiene ninguna duda.

miércoles, 3 de abril de 2013

Estoy triste y me siento sola. Como en otras épocas. Pero ahora creo que la limpieza simbólica la hice yo sola, por una necesidad de asepsia, por querer estar en foja cero. Debiera haber tenido un efecto liberador pero no fue el caso. No sé cuál es el caso. Creo que se centra en que los melancólicos siempre vamos a serlo. En que no hay nada ni nadie que pueda suplir este vacío eterno, infinito. El desasosiego como mejor amigo. La sensación de que nadie me quiere. De que algo hice para que eso sucede. Debe ser cierto. Ser fácil nunca fue lo mío. Supongo que hay un poco de ficción, como en casi todo. Supongo que las vacaciones de los chicos no ayudan. Ni que D se esté yendo de viaje por diez días. Ni la distancia.
Argentina es un caso y me entristece. Yo también estoy inundada pero sin pérdidas materiales. Con respecto a lo material: un miedo. El miedo. Todos los miedos. Los de siempre. Ahora con mayor altura, sin agobio, solo ahí, hablándome bajito, casi en un susurro. Solo yo lo escucho. Sola. Soledad. Silencio. Sangre. Así ad infinitum. A mi inconciente se le da muy bien la asociación libre. Si no fuera que estoy obesa cocinaría. Pero me sobran tres kilos. Tres kilos de verdad.
Mientras, trabajo. Y escribo. Y hago ejercicio. Y extraño sentirme plena, satisfecha, querida, valorada. Soy el epítome de las miserias humanas. La tragedia a medias. Que por repetida, sí, se volvió parodia. Soy la sombra de mí misma. Lo que no puede ser. Lo inalcanzable y espúreo a la vez. Soy todo eso y mucho más. Como todos.

martes, 2 de abril de 2013

En Buenos Aires llovió mucho. Es feriado y la ciudad se inundó. Acá hay un sol tenue, no hace frío pero tampoco calor. Debería estar trabajando pero nadie mandó lo que debe. Así es todo. Los chicos están de vacaciones. A esta semana se la llama "Semana de Pascua", la anterior fue "Semana Santa", no sé si es propiamente mexicano o es una denominación extendida. Suenan toses. Estoy triste. Necesito un mínimo de estabilidad emocional. Y un poco más de tranquilidad económica. Los estallidos de amor y desamor van oradando la poca integridad que me queda. Cuando está todo bien soy feliz. Cuando pasa algo, que por lo general no entiendo, y se desvanece el amor, me quiebro. Ahora los chicos quieren jugar a la Wii, cosa que no hacen hace un año (literal). Y yo voy a intentar escribir, con esta desazón a cuestas. A veces quisiera estar ahí para no sentirme tan sola, para tener a mis papás cerca, a mis hermanos, por pavo que suene. En fin. Así las cosas.

martes, 26 de marzo de 2013

¿Qué pasó? ¿Dónde quedó el entusiasmo y la certeza de que podía hacer algo? Por ahí, tirados. Adentro: vacío. La nada. Mentira: el tedio y el hastío, batidos en una mezcla infame. Infame. Fuego. Familia. Fantasía. Los chicos de vacaciones, la Semana Santa eterna. El Pesaj inexistente. La pesadez de la existencia. Tuve unos días de gloria. Unos meses. Ahora el bache. Interminable. Infinito. La nada. Quisiera estar lejos. En un campo. Andar a caballo. Hacer mermelada. Leer en papel. Buenos Aires. Ahí el hastío es mayor pero con sentido. Acá, el sinsentido soez. La falta de todo a pesar de que sobren cosas. O no. O no.

Ahora: hacer bolsos, ir a yoga, encontrarme. Tal vez, con mucha suerte. Espero que haya clase. Lo peor sería que se haya suspendido sin previo aviso. Entonces: nadaré. Los chicos dibujan con música de fondo. Si pudiera dibujar. Si pudiera estar con otra gente. Fumar marihuana. Escapar. Esta angustia que se licúa con dolor de panza. Que me hace vomitar. Porque antes había ganas y ahora hay hueco. En fin. Debería estar trabajando pero no. No. Demasiado. Quisiera estar si no en la playa. Tomarme un gin tonic. Mirar el mar. Meterme. La sal sanadora. La sal salvadora. Los amigos ¿existen? Creo que tengo problemitas.

Ya pasará. Como todo.

sábado, 16 de marzo de 2013

Qué fastidio todo. El papa argentino, la reina de Holanda, la crispación, las opiniones extremas de un lado y del otro. Dios, dios. Demasiadas noticias para tan pocos días. Demasiada presión para conectarse con "la realidad". Conectarme. Desde chica soy hiperconectada, con el entorno, con los sujetos, conmigo misma. La hiperconexión tiene altos costos. Como la hiperconciencia. Pero volvamos al fastidio, a mí fastidio: aquellos que se toman demasiado en serio. A ellos mismos, a la vida. Ay esa gente. Ay, aquellos que creen que de verdad hay una sola manera de hacer las cosas. O dos. Aquellos que sienten que tienen "la verdad". Que de verdad la vida hay que vivirla de una determinada manera. Y no hablo de religión, tan en boga en estos días, con este papa nuevo, sudamericano, austero, que se sale del protocolo, posiblemente procecista. No, hablo de otra cosa: hablo de aquellos que se sienten progres, que creen que son amplios de mente y solo miran lo que hacen los demás. Así como tengo baja tolerancia a la gente sin sentido del humor, me repliego al cien por ciento antes los resentidos, los que acumulan suciedad en su interior mirando más hacia afuera que hacia adentro. Lejos de uno, lejos de todos. Los resentidos, los farsantes, los impostados. Los creídos, los altaneros, los aburridos. Si a veces puedo ser una muerta en vida sé que nunca pero nunca jamás voy a mirar para el costado. Tal vez en mi casa de origen se hizo en exceso, en algún momento del paleolítico. Tal vez es a eso a lo que le escapo. O tal vez no, nada que ver.

Entretanto, en México city no hay sol, a pesar de que la gracia de esta ciudad es su clima. Hace frío, está húmedo y solo dan ganas de quedarse en la cama leyendo, mirando pelis y comiendo rico. Como D trabaja todo el día y se llevó a hijo mayor, yo iré con hijos menores a cumpleaños de hijo de conocidos que temo me hayan invitado por compromiso pero que igual me viene bien. A veces hay que adentrarse en terreno enemigo. Es difícil con este tiempo pero lo haré. Si algo me caracteriza es ser aguerrida. A mi pesar.

En fin. La vida pasa, poco queda. Solo la voluntad de que el debe sea más que el haber la mayor parte del tiempo posible.

sábado, 2 de marzo de 2013

Es sábado a la noche. Bah, todavía no son ni las ocho pero fue un día imprevisiblemente frío de fin de invierno que empezó demasiado temprano. Desde hace más de dos semanas que D no está en casa. Tenía que volver hoy a la tarde pero la tormenta que hubo en Buenos Aires impidió que su avión, proveniente de San Pablo, aterrizara y quedó varado en Porto Alegre todo el día. Recién mañana a las seis de la mañana parece que van a lograr salir de ahí y no sabe cuándo podrá conseguir un vuelo para venir a casa.

Podría decir que estoy acostumbrada a la soledad si por soledad entendemos su ausencia. Voy, vengo, llevo, traigo, cuido, organizo, trabajo, hago yoga, nado, salgo, etcétera. El día termina muy temprano, por lo general a esta hora ya estoy en la cama, intentando dormir, con poco éxito, porque el estrés hizo que la fibromialgia volviera.

Escribir es una costumbra perdida, olvidada. La vida, allá afuera, o en archivos de word, me tiene cooptada. Atravesada. El deseo puesto en la productividad aunque no es la literatura. Leo poco, de a poco, cuando puedo. El cuerpo responde de a ratos, la vista se va cansando cada vez más hasta el punto de que el astigmatismo se duplicó en un ojo. Puedo leer los textos solo al ciento cincuenta por ciento.

Pero, por lo demás, sigo siendo yo. Con mis claroscuros, contradicciones, dudas y dificultades. ¿Seré de verdad una persona difícil y abrumadora? Es la pregunta de la semana. Difícil sí, abrumadora... seguramente también. O tal vez no. La introspección a veces me falla. Como la autopercepción. ¿Será que le pasa a todos?

Bajé dos capítulos de la primer temporada de How I Met Your Mother y la peli Silver Linings, ambas sin subtítulos. A ver si el cansancio me permite ver algo, a las siete menos diez de la mañana ya tenía a mis dos hijos varones en la cama, todos despiertos. Fui a la condesa con Domi y los kids a ver el cuenta cuentos del Fondo de Cultura y después cumple en el parque. El día se apaga con gusto. Milo duerme y los grandes miran pelis, cada uno en un lugar distinto.

Mañana es domingo y el martes me voy a Buenos Aires.

Y, así, la vida continúa.